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Actualización 2 Febrero 2018

Los pilares básicos del tratamiento conservador de la patología degenerativa discal son las medidas higiénico-posturales (evitar carga de pesos y movimientos de flexo-extensión repetidos del tronco) y determinados ejercicios de fortalecimiento (por ejemplo yoga, pilates o natación). Los objetivos del manejo conservador son reducir la demanda funcional de los discos intervertebrales y potenciar la musculatura cervicodorsal o abdominal y lumbar para “ayudar” a los discos a soportar la carga han de soportar.

Existen varios programas de ejercicios en función de la localización de la patología como los ofrecidos por la Sociedad Española de Medicina Física y Rehabilitación: www.sermef-ejercicios.org

En cuanto a Farmacoterapia, existe una amplia batería de fármacos. Los analgésicos convencionales y los antiinflamatorios no esteroides (AINE) alivian el dolor temporalmente y disminuyen la inflamación, aunque su uso crónico no está recomendando. Los relajantes musculares minimizan los espasmos musculares paravertebrales asociados, que junto con los fármacos derivados de la morfina, ayudan a controlar las crisis agudas. Entre estos últimos, los opiáceos mayores como por ejemplo el Tapentadol y la Oxicodona/Naloxona han demostrado buena eficacia y disminución de efectos adversos en la patología vertebral crónica.

En caso de sintomatología radicular se puede recurrir a la gabapentina, la pregabalina o a los antidepresivos tricíclicos (amitriptilina, nortriptilina) con buena respuesta. Los corticoides orales están indicados para exacerbaciones radiculares, en forma de pauta corta.

En los momentos de reagudización clínica (cuando el paciente está peor) conviene asociar al tratamiento farmacológico:

  • Rehabilitación-Fisioterapia con especial atención en los ejercicios activos supervisados del paciente. Realización de estiramientos terapéuticos de la columna lumbar y el fortalecimiento de la musculatura abdominal. Permite relajar la musculatura, minimizando el dolor, y ganar flexibilidad, así como rango de movilidad y potencia la fuerza muscular lumbar y abdominal. Se ha demostrado que la movilización y la actividad son más beneficiosas que el reposo en cama. También se pueden emplear medidas físicas como el calor o frío local, la electroestimulación, masoterapia o ultrasonidos, pero en general la respuesta es escasa.

  • Inmovilización-Ortesis. Las fajas aportan cierto grado de inmovilización, presentando buenos resultados en pacientes con musculatura abdominal débil y/o espasmos musculares. Su uso debe ser temporal, y asociado a medidas fisioterapéuticas, ya que condicionan debilidad y favorecen la atrofia muscular.

  • Técnicas Mínimamente Invasivas (en continua colaboración y conexión con Unidades de Dolor) como infiltraciones facetarias, infiltraciones epidurales caudales, bloqueos radiculares selectivos, técnicas de radiofrecuencia-rizolisis, etc. Técnicas encaminadas a disminuir o anular el dolor para posteriormente realizar ejercicios y fortalecimiento musculares. Proporcionan alivio temporal de síntomas radiculares en caso de brotes agudos.