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Pádel, Tenis y Dolor de Espalda: Cómo Proteger tu Columna y Volver a la Pista tras una Hernia Discal

  • Foto del escritor: Dr. González Murillo
    Dr. González Murillo
  • hace 3 días
  • 4 min de lectura

El movimiento es vida. Se lo digo a cada persona que entra por la puerta de mi consulta: el reposo absoluto y el sofá son, con diferencia, los peores enemigos de tu columna. El cuerpo humano está diseñado para moverse, y mantenerse activo es la mejor medicina preventiva que existe.


Por eso me encanta ver las pistas de pádel y tenis llenas. Es una opción fantástica para liberar estrés, ponerse en forma y pasar un buen rato. Sin embargo, también es verdad que en ciertas épocas del año —especialmente en verano o vacaciones— vemos un repunte claro de dolor lumbar agudo, contracturas que te dejan "clavado" o ciáticas que reaparecen justo después de un partido.


¿Significa esto que deberías colgar la pala? Ni mucho menos. El problema no es el deporte en sí, sino exigirle a la columna giros, torsiones y extensiones explosivas cuando la musculatura que debe protegerla está completamente "dormida".



Jugador de tenis realizando saque
Tenis en vacaciones



La prueba de fuego para tus discos lumbares


A diferencia de salir a caminar o nadar, los deportes de raqueta exigen un trabajo tridimensional y bastante agresivo para el tronco:


  • Torsiones y rotaciones violentas: Armar un golpe de derecha o un revés implica girar el tronco a gran velocidad para transmitir la fuerza desde las piernas hasta la bola. Si ese giro lo repites cien veces sin un control adecuado, los discos lumbares sufren un efecto de cizallamiento bastante severo (como cuando retuerces una bayeta mojada).

  • El peligro del remate y la bandeja: Mirar hacia arriba y arquear la espalda hacia atrás (hiperlordosis) para coger una bola alta comprime las pequeñas articulaciones posteriores de las vértebras y pellizca temporalmente el espacio por donde salen los nervios.

  • Frenazos y saltos: La pista frena el pie en seco, pero la inercia de tu cuerpo continúa. Todo ese impacto lo absorben directamente las últimas vértebras lumbares.


Si a todo esto le sumas entrar a jugar "en frío" después de estar horas sentado en la oficina o tumbado en la playa, le estás pidiendo a tu espalda una maniobra de riesgo.



Tu "faja natural": la diferencia entre una sobrecarga y una lesión


Imagínate que tu columna es el mástil de un barco. Los discos son la madera, pero lo que realmente mantiene todo erguido y absorbe los tirones del viento son los quebrantos y las cuerdas. En tu cuerpo, esas "cuerdas" son la musculatura profunda de la espalda y el core (abdominales, oblicuos y glúteos).


Cuando entras a la pista sin calentar, esos músculos están rígidos y tardan en reaccionar. Al primer remate forzado, la musculatura no llega a tiempo para frenar el impacto, y toda la energía de la torsión va a parar directamente al disco intervertebral. Ahí es cuando aparece el típico latigazo, la contractura de defensa o, en el peor de los casos, una fisura en el disco que acaba derivando en una hernia.


Tres ajustes sencillos para protegerte en la pista


No necesitas cambiar de deporte, solo necesitas cambiar cómo entras a la pista.


1. Dedica 8 minutos al calentamiento fuera de la pista

Pelotear suave dos minutos no es calentar la columna. Antes de coger la pala:

  • Mueve las caderas y haz zancadas suaves. Si tu cadera está ágil, tu zona lumbar no tendrá que girar de más.

  • Activa la parte alta de la espalda con rotaciones de tronco controladas.

  • Haz un par de puentes de glúteo en el suelo. Un glúteo despierto es el mejor escudo para tus lumbares.


2. Flexiona las piernas, no arquees la espalda

En los golpes altos, flexiona las rodillas y baja tu centro de gravedad para ganar potencia desde las piernas, en lugar de doblar la espalda hacia atrás. Y para las bolas bajas, agáchate doblando las rodillas, no doblando la cintura como una bisagra.


3. Descomprime al terminar

Al acabar el partido, dedica cinco minutos a tumbarte boca arriba con las piernas elevadas sobre un banco formando un ángulo de 90 grados. Esto alivia de inmediato la presión sobre los discos y les ayuda a rehidratarse después del esfuerzo.


¿Y si el dolor ya ha aparecido? La hernia discal no es el final


Si tras un partido sientes un dolor punzante en la zona lumbar que baja hacia el glúteos, el muslo o la pierna —a veces acompañado de hormigueo o debilidad—, es muy probable que estés ante una hernia discal.


Durante mucho tiempo ha existido el mito de que "si tienes una hernia, olvídate del pádel o del tenis para siempre". Me niego rotundamente a esa idea. El objetivo de la medicina no es prohibirte lo que te apasiona, sino buscar la forma de que vuelvas a practicarlo con total seguridad.


Endoscopia de columna: el aliado del deportista

Cuando el reposo relativo, la fisioterapia o la medicación no son suficientes para frenar el dolor de la ciática, la tecnología actual nos ofrece alternativas infinitamente menos agresivas que la cirugía tradicional.


Gracias a la endoscopia de columna, podemos retirar la hernia a través de un orificio de menos de un centímetro:

  • No cortamos la musculatura: Dilatamos suavemente las fibras musculares con la cámara sin romperlas. Mantenemos intacta la "faja" muscular que luego vas a necesitar para volver a jugar.

  • Visión de alta precisión: Trabajamos viendo la raíz nerviosa en monitores de alta definición, quitando únicamente el fragmento de disco que está molestando.

  • Mismo día a casa: La agresión a los tejidos es tan pequeña que la gran mayoría de los pacientes caminan a las pocas horas y duermen en su casa esa misma noche.


El camino de vuelta a la pista


Volver a jugar tras una endoscopia es un proceso gradual pero firme:

  1. Primeras semanas: Caminar a diario por terreno llano para reactivar la circulación y dar flexibilidad al nervio.

  2. A partir del primer mes: Trabajo de fortalecimiento de core, natación o bicicleta estática.

  3. Segundo o tercer mes: Comienzas a tocar bola de nuevo, primero con desplazamientos suaves y, poco a poco, volviendo al ritmo habitual de partido.


Volver a golpear la bola sin ese miedo constante a quedarte "clavado" es perfectamente posible.


No juegues con dolor


Si notas que la espalda te frena, que te cuesta acabar los partidos o que el dolor de pierna no remite, no lo dejes pasar. En nuestras consultas de Madrid y A Coruña analizamos tu caso para ofrecerte la solución más conservadora o mínimamente invasiva posible.


Tu objetivo debe ser seguir disfrutando del deporte toda la vida, y el nuestro, darte las herramientas para conseguirlo.



 
 
 

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La información contenida en esta web es de carácter divulgativo y en ningún caso pretende reemplazar el consejo médico profesional. 

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